Una tregua
- eduardogmora
- 19 nov.
- 1 Min. de lectura
19 de noviembre de 2025
Vida,
he soportado más de lo que admito en voz alta.
Me han herido, sí, pero también me herí a mí mismo con una precisión que nadie pidió.
Me vacié sin entender por qué, dejé la mesa intacta y el cuerpo sin hambre, como si así pudiera desaparecer un poco.
Comprendí que me convierto en problema cada vez que intento existir.
Lloré hasta no recordarme.
Miré alrededor y la soledad me devolvió un silencio que entendió todo antes que yo.
Fui traicionado sin épica, sin ruido, con esa clase de abandono que no necesita explicación.
Estoy hecho pedazos.
No es metáfora, es inventario.
Mis sueños están en el suelo, algunos rotos, otros simplemente cansados de esperarme.
Me repetí tantas veces que soy un error que terminé creyéndolo, como quien memoriza una oración ajena.
Y aun así sigo aquí,
murmurando tu nombre como si fueras un refugio, vida, como si en ti quedara un resquicio de misericordia.
No pregunto por la felicidad. No la exijo.
Solo quisiera un rincón sin tormenta, un breve respiro, un gesto mínimo de tregua.
Dime,
¿falta mucho para encontrar paz?
¿falta mucho para que el dolor deje de dar instrucciones?
¿falta mucho para que este cansancio se vuelva descanso?
Porque ya aprendí todo lo que no quería aprender.
Ya perdí lo que no sabía que podía perder.
Ya me acepté roto, torpe, insuficiente.
Vida…
¿ya puedo descansar un poco?








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