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Un acuerdo de esperanza

  • eduardogmora
  • 15 nov
  • 2 Min. de lectura

10 de julio de 2024


A veces pienso que al amor solo hay que perderle el miedo. No para forzarlo ni para imaginarlo eterno, sino para permitir que avance con la honestidad de lo que brota sin cálculo.


Creo que deberíamos intentarlo. Nadie pierde cuando se ofrece un gesto de confianza. Quizá podamos dejar en reposo las cicatrices, las promesas incumplidas, los temores que aún no saben nombrarse. Bastaría un pequeño movimiento para descubrir qué podría abrirse entre nosotros.


No quiero prometer eternidades. Con un poco de fortuna seremos el amor de unas cuantas estaciones, y para mí sería suficiente. Desde ahí podríamos observar cómo se transforma el mundo cuando dos personas deciden acompañarse, aunque el trayecto sea breve o incierto.


Imagino conversaciones que se extienden más allá de la medianoche, mensajes que atraviesan el día con una ternura discreta, pequeños rituales nacidos sin intención y entendidos solo por nosotros. Y si lo deseas, podemos fingir que no advertimos ese algo que se acerca despacio. Como una luz que no encandila pero insiste.


Lo que quiero decir es simple: que lo intentemos con convicción. Que dejemos al miedo en su rincón más dócil y permitamos que este impulso respire. Me gustas con una delicadeza que se parece a abrir un mazapán sin que se quiebre entre las manos.


No imagino que envejezcamos juntos. Los años enseñan a ser prudentes, a no bendecir para siempre. Pero sí creo en la posibilidad de que esto funcione mientras exista. Elegirnos entre tantos rostros. Hacernos reír hasta aliviar el día. Construir un resguardo que dure lo que tenga que durar.


Llegarán diferencias, silencios densos, alguna noche difícil. No importa. El propósito no es evitar las fracturas, sino sostenerse antes de romperse. Querernos un poco más de lo que podríamos lastimarnos.


Y si un día todo termina, no me derrumbaré. Conozco el peso de las despedidas y de los pasos que se alejan. Sobreviví a cada una. Aun así, queda una certeza luminosa: sería hermoso tener contigo una historia que no aspire a durar para siempre, pero que al menos se atreva a existir.


Quizá eso sea todo lo necesario. Un comienzo que no prometa eternidad, pero sí un latido honesto. Una puerta entreabierta. Una esperanza que sabe pronunciar tu nombre sin temblar.


ree

 
 
 

1 comentario


Invitado
16 nov

Hola, Eduardo, ahí va, no está mal!!!, ojalá y sigas escribiendo!!!

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