(Sin título)
- eduardogmora
- 5 jul
- 1 Min. de lectura
20 de julio de 2019
Quemaba esa última carta porque no soportaba el eco permanente de sus palabras, llevaba semanas ese eco. Escuchaba las palabras susurrar con voz de papel desde el estante donde la había ocultado, lejos de su vista pero inocultable a los oídos de la memoria.
Ahora la voz se transformaba, el susurro era un sonido agudo de la llama, explosiones en miniatura, las palabras se hacían un polvo blanquecino, dibujo de grieta caprichosa sobre el suelo.
El cadáver incandescente de la última carta le trajo una sensación de adormecimiento, una ansiada anestesia que le descendía desde la coronilla hasta los hombros. Quizás, un fuego mayor traiga un alivio mayor.
Con el reflejo de las últimas chispas en sus negros ojos, recitaba para sí el fragmento de un poema que él nunca le pudo recitar.








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