top of page

Sacrilegio no amar

  • eduardogmora
  • 22 jul
  • 2 Min. de lectura

21 de julio de 2025


Para mí, el amor siempre ha sido como un sueño repentino, de esos que aparecen sin aviso, en los que uno no se da cuenta de cómo pasó de la Tierra a la Luna. Llega así, espontáneo, y no importa si se trata de un idilio fugaz, porque incluso lo breve tiene la capacidad de llenar la vida de éxtasis, de locura y de una intensidad que a veces se siente demasiado para el cuerpo.


El amor siempre me ha parecido misterioso, casi anónimo. Es fugaz, sí, y muchas veces no se deja nombrar. Pero cuando aparece, lo cambia todo. Esa felicidad que despierta, ese temblor dulce en el pecho, puede ser tan hermosa como la propia existencia de la noche. Hay algo sagrado en su llegada, y también en su partida.


Pienso que el amor, aunque efímero, puede ser al mismo tiempo alegría y devastación. Tiene esa dualidad cruel de hacer florecer la vida y, al mismo tiempo, acercarnos a una muerte invisible. Y es que jamás le he tenido paciencia al amor, ni a su manera lenta y delicada de cometer homicidio en el corazón. Lo veo venir con su promesa de eternidad, pero sé que también carga despedidas en el fondo del bolsillo.


El amor, en su inicio, es el más bello estruendo. Un estallido de emociones que nos hace creer que todo es posible. Y cuando finalmente se convierte en un adiós, puede destruir mucho. Pero por más grande que sea la caída, hay algo que permanece, algo que no se quiebra del todo. Es el recuerdo que se aferra en silencio, como un cimiento escondido entre ruinas. Ese destello, aunque breve, sigue dejando luz incluso cuando ya no queda nada visible.


Vivir sin enamorarse, creo yo, sería un sacrilegio.


ree

 
 
 

Comentarios


Envíame un mensaje y dime lo que piensas

¡Gracias por tu mensaje!

© 2035 Creado por Tren de ideas con Wix.com

bottom of page