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Lo que entra cuando apago la luz

25 jul
2 min de lectura

Actualizado: hace 5 días

Hay noches en las que la cama deja de ser un refugio.


Uno apaga la luz

como quien cierra una puerta,

convencido de que el mundo

ha quedado del otro lado.


Pero el mundo aprende a entrar.


Se desliza entre las sábanas,

ocupa el lugar de la almohada

y empieza a hablar

con una voz que se parece demasiado a la mía.


Entonces regreso

a todas las conversaciones inconclusas,

a las despedidas demasiado breves,

a las palabras que nunca dije,

a los comienzos que el miedo confundió con finales.


La noche tiene esa costumbre.


No distingue entre lo que ocurrió,

lo que pudo ocurrir

y aquello que jamás iba a suceder.


Lo coloca todo en la misma habitación.


Quisiera dormir.


No porque esté cansado,


sino porque, por unas horas,


quisiera dejar de negociar con mi propia cabeza.


Hay noches en las que pienso

que todavía estoy a tiempo de arreglarlo todo.


Abrazar más fuerte a mi abuela.


Quedarme un rato más con mi madre.

Sin mirar el reloj.

Sin creer que siempre habrá otro día.


Decirle a mi padre esas dos palabras

que siempre supuse evidentes

y que, precisamente por eso,

tantas veces dejé para después.


Quisiera que mi hermano

supiera cuánto lo admiro,

aunque casi nunca encuentre la forma de decírselo.


Quisiera que ninguno de mis amigos

atravesara la oscuridad

creyendo que está solo.


Y mientras imagino todo eso,

el corazón insiste en correr

como si estuviera huyendo

de un peligro

que nadie más alcanza a ver.


Entonces aparece ese miedo antiguo.


No el de morir.


El de dejar de existir

sin haber querido lo suficiente.


Me entran ganas de escribir.


De llamar.


De pedir perdón

por cosas que quizá nunca lastimaron a nadie.


De decir "te quiero".


Antes de que amanezca.


Antes de volver a creer

la mentira más antigua de todas:


que siempre habrá otra oportunidad.


Después amanece.


El café.


La ropa.


Las reuniones.


Las conversaciones de siempre.


Y uno consigue parecer

una persona tranquila.


Hasta que vuelve la noche.


Y todo empieza otra vez.


Un ciclo.


Un vicio.


Un círculo.


Un cirio.


Un delirio.


Ojalá algún día

mi mente

aprenda a convertirse

en el lugar seguro

que de niño encontraba

bajo las sábanas.



24 de julio de 2026.


 
 
 

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