Inercia
Actualizado: 8 abr
Esto no está bien.
No es una sospecha. Es un hecho.
Han pasado meses desde que dejé de reconocerme. El espejo no devuelve extrañeza; devuelve vacío. No hay transición ni transformación. Hay deterioro.
Soy un residuo del pasado, un proyecto que no avanzó y un presente que no logra sostenerse. No existe continuidad entre esas partes. No hay relato. Solo fragmentos que compiten entre sí. Cuando la identidad se fragmenta, el resultado no es complejidad: es ausencia.
No soy alguien en proceso.
Soy alguien detenido.
Lo que hago ahora me produce momentos breves de satisfacción. Son estímulos, no dirección. Funcionan como anestesia. Me permiten ignorar el estancamiento durante algunas horas. Después vuelve la misma constatación: nada se mueve.
Corro en círculos y lo llamo avance.
Repito hábitos y los llamo disciplina.
Postergó decisiones y lo llamo prudencia.
No es prudencia.
Es miedo.
¿A dónde pretendo llegar si cada acción está diseñada para no alterar nada?
¿Cómo se construye algo cuando se evita sistemáticamente el riesgo de cambiar?
No hay tragedia aquí.
No hay villanos.
Solo inercia.
Y la inercia, sostenida el tiempo suficiente, se convierte en identidad.
Esto no está bien.
Y lo más grave es que empiezo a acostumbrarme.

27 de agosto de 2019



Comentarios