Entre restos
- eduardogmora
- 13 sept
- 2 Min. de lectura
12 de septiembre de 2025
Esto no está bien. Lo repito en silencio como un eco que no termina de apagarse. Lo sé en la piel, en los huesos, en la manera en que me detengo frente al espejo y no reconozco a quien me mira de vuelta. Ese rostro es mío, pero parece un disfraz que ya no me queda. Hace meses que vivo con la sospecha de haberme convertido en alguien que no sé nombrar.
Soy los restos dispersos de lo que fui, una promesa a medias de lo que quizá podría llegar a ser, y el desastre inevitable del presente. Tres fragmentos que no logran tocarse, que no encajan entre sí. Y como nada se une, termino siendo nadie.
Me pregunto a cada rato qué hago aquí, en este instante preciso, con este tiempo que a veces siento prestado. Hay gestos que me hacen sonreír, pequeñas chispas de placer que engañan al cuerpo, como si la vida siguiera un curso normal. Pero debajo de ellas hay una certeza que no puedo ocultar: esto no está bien, y en el fondo sé que nunca lo estará.
Corro en círculos, repito rutinas que me devuelven al mismo punto, como si estuviera atrapado en un laberinto sin salida. A veces me pregunto si de verdad quiero llegar a algún sitio, o si solo corro por costumbre. ¿Cómo podría avanzar, si lo único que hago es gastar energía en detenerme? Todo esfuerzo se convierte en desgaste. Todo plan se deshace antes de tomar forma.
Y mientras tanto, la vida se mueve afuera. Los demás parecen encontrar caminos, levantar proyectos, sostener certezas. Yo solo me mantengo en pie, torcido por dentro, cargando lo roto como si fuera lo único que me pertenece.
No tiene sentido. Y hasta aquí llego.








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