Donde nada ocurre
- eduardogmora
- 25 ago
- 1 Min. de lectura
24 de agosto de 2025
Hay tardes en que uno se descubre frente al vacío, con un café que se enfría lentamente y la mirada perdida en ninguna parte. Y entonces aparece la pregunta: en qué momento todo comenzó a sentirse tan distante, tan ajeno, mientras las horas se deshacen en silencio.
Los amigos siguen con sus vidas, el mundo no se detiene, todo avanza y uno permanece quieto. En pausa. Esperando algo que no sabe si llegará. No es tristeza del todo, más bien una mezcla extraña de soledad, cansancio y confusión. Esa sensación que llega cuando los planes no resultan como uno imaginaba, cuando el amor se demora y el “¿cuándo me tocará a mí?” se instala como un eco diario.
Y aun así, uno permanece. Porque en el fondo, aunque parezca que nada cambia, se intuye que algún día esa mesa vacía dejará de estarlo. Hasta entonces, no queda más que respirar y seguir.








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